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Piscinas naturales en el río Matarranya |
Buceando en mi memoria, he
rescatado la historia de una familia, que a finales de los años 60 del siglo
pasado, descubrieron el paraíso.
Ocurrió cuando la mujer quedó
embarazada y frecuentando su tierra natal, en la zona del Ebro tarraconense, fue aconsejada sobre la conveniencia de
descansar en un recóndito pueblecito, apenas conocido, tranquilo y rodeado de
naturaleza. Una vida sana que la mujer necesitaba, pues el embarazo le estaba
dando problemas.
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Vista del pueblo de Beceite sobre la colina |
Ella y su marido, después de
un largo trayecto en “Seiscientos”, a través de una carretera polvorienta y
casi sin asfaltar, llegaron en agosto de 1963 a Beceite.
A partir de entonces no faltó
ni un verano. Nació la niña, les acompañaron familiares y amigos, que allí
hicieron una vida estival, libre, maravillosa…
Así comenzó mi relación con
el pueblo. Toda mi infancia y adolescencia viendo cada rincón, cometiendo mil y
una travesuras, sin dejar nada por explorar, teniendo como escenario un lugar
único en el mundo.
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El lavadero del pueblo, que todavía se usa |
Habrá cambiado mucho Beceite
desde la última vez que estuve allí, pero mis recuerdos siguen intactos en
aquel entorno rural y auténtico.
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La Iglesia de Santa Ana, antes de entrar en el pueblo amurallado, en el barrio del Arrabal |
Está situado en la Comarcadel Matarranya, perteneciente a la provincia de Teruel, tocando a la de Tarragona y Castellón. De
hecho, hay un punto en los llamados “Ports de Beseit” (el Tossal del Rei) donde
se ubica el encuentro entre los reinos de Valencia, Cataluña y Aragón.
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Camino hacia el Parrissal con un paso excavado en la roca. Una maravillosa excursión |
Se caracteriza por ser un
pueblo, teóricamente, sin salida. Es decir, se accede a través de la carretera
local desde Valderrobres, y una vez llegados a Beceite, sólo podemos tomar
caminos de montaña para alcanzar otras poblaciones o lugares. Algunos de estos
caminos son únicamente transitables con coches todoterreno o practicando
hermosas excursiones a pie.
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Vista de Valderrobres desde el puente de acceso al pueblo |
Esta cualidad hace que,
cuando el río Matarraña nace en su término municipal, en el paraje llamado “El
Parrissal”, no pase por ningún otro pueblo. Por ese motivo sus aguas son
completamente limpias y cristalinas, además de frías, pero revitalizadoras. El
placer de bañarse en ellas, rodeada de montañas y vegetación, es comparable a
la imagen de una frondosa isla, repleta de cascadas y saltos de agua. Pero no
sólo del Matarraña disfruta Beceite. A pocos kilómetros del pueblo, por el lado
opuesto, hay otro río con las mismas prestaciones: el Ulldemó, en el paraje
llamado “La Pesquera”. Al final acaban juntos, desembocando en el Ebro. En
nuestra consciencia queda el pensamiento de que estas aguas son algo más
cálidas.
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Una excursionista pasando por las tablas de madera, sobre el río Matarranya, en el Parrissal |
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Paraje de la Pesquera. Río Ulldemó |
En medio de toda esta
belleza natural se encuentra el pequeño pueblo, atractivo por sí solo. Lleva
incorporada la cultura del agua en sus venas, que son las calles llenas de
acequias y un pasado bastante movido por ser un refugio codiciado, estratégico
geográficamente. Tanto el nombre (Beceite) como muchos vestigios en la
población (trazado de sus calles, murallas, portales…) contienen la huella
árabe y medieval, así como otra más contemporánea, perteneciente a la época del
carlista General Cabrera (El Tigre del Maestrazgo), que usó sus montañas para
esconderse. Fue también importante en el municipio la etapa de la
industrialización, con el asentamiento de varias fábricas de papel.
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Portal árabe de San Gregorio, uno de los cinco que se conserva, franqueando la muralla de entrada al pueblo |
El término municipal cuenta
con una importante población de Capra Hispánica o Cabra Montesa. Recuerdo que
era una fiesta cuando conseguíamos ver una, encaramada allá en lo alto de algún
peñasco, aunque otras veces se las ha visto bien cerca, bajando a beber al río,
donde conviven truchas, carpas, nutrias, cangrejos autóctonos, entre otras
especies.
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La Capra Hispánica en Parque Natural dels Ports de Beseit |
Cuevas, fuentes, pinturas
rupestres (que evidencian el asentamiento prehistórico, así como los
innumerables fósiles hallados) son también parte del patrimonio idílico gravado
en mi mente. Un patrimonio que, a pesar del tiempo, espero no haya cambiado la
esencia del lugar.
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¡Impresionante! El Estrecho del Parrissal |
Nota: el título hace
referencia a un preciado artículo, publicado en “La Vanguardia”, el 21 de agosto de 1965, con una bella metáfora sobre el ruido del viento entre las
montañas de Beceite.
Por aquí he pasado para deleite de mis lecturas.
ResponderEliminarUn beso grande.
Pues sepa usted que es muy bienvenido, caballero ;-) Y más le deleitaría hacer una "excursioncita" por esos parajes... ¡asegurado! :-P
EliminarUn beso enorme, Luis y muchas gracias por venir a mi rinconcito.
Gracias por compartir estos recuerdos de la infancia y adolescencia y mostrarnos estos rincones tan hermosos que seguro vamos a visitar en la próxima primavera.
ResponderEliminarSaludos.
Gracias a vosotros por venir. No sé si alguna vez habéis estado en Beceite, pero espero que pronto lo hagáis y hagáis un reportaje de esos que sólo vosotros sabéis hacer.
EliminarUn abrazo enorme!